No somos el futuro, somos el ahora: Juventudes que construyen Guatemala

La participación de las juventudes es primordial en todo sistema democrático, no solo como un deber ciudadano, sino como un motor para su propio desarrollo integral y para el progreso de toda sociedad en general. Su involucramiento activo, fortalece la democracia desde las comunidades y espacios en los que actúan, impulsando transformaciones sociales que benefician a todos los ciudadanos.

La participación de juventudes no debe limitarse únicamente al ejercicio del voto ni a su rol como beneficiarios de programas sociales. Es fundamental avanzar hacia su inclusión activa en los procesos de consulta y toma de decisiones. Solo mediante la apertura de estos espacios será posible visibilizar y atender de manera efectiva las verdaderas necesidades de las juventudes guatemaltecas.

A nivel internacional, cada vez más países reconocen que la participación de las juventudes es indispensable para el desarrollo sostenible de las naciones. Sin embargo, en Guatemala, la ausencia de una normativa específica en materia de juventud, la falta de acciones sostenidas a largo plazo que respondan a sus verdaderas necesidades, y las persistentes desigualdades estructurales, han limitado significativamente su participación en los espacios institucionales.

El reconocimiento de las juventudes debe ir más allá de un simple registro estadístico basado en su grupo etario; debe traducirse en la apertura de espacios reales de participación en la toma de decisiones. Solo así podrán expresar sus necesidades y construir, junto a otros actores, las soluciones que el país requiere. A pesar que Guatemala ha mostrado ciertos avances mediante planes y acciones orientados a la juventud, estos carecen de una estructura sólida y de mecanismos de seguimiento efectivos. En muchos casos, dichos esfuerzos se ven interrumpidos con cada cambio de gobierno, lo que evidencia una deuda histórica con las juventudes y plantea un desafío constante para cualquier administración pública. 

La implementación de una política y un plan nacional de juventud, junto con una ley específica y la creación de espacios oficiales de participación, podrían marcar un paso decisivo hacia la atención de las principales necesidades de las juventudes. Mientras estas condiciones se concretan, corresponde a los jóvenes involucrarse activamente, formarse y ejercer un rol crítico, vigilante y propositivo frente a la institucionalidad pública, para exigir los espacios que legítimamente les corresponden.

Kevin López